Sobre por qué Christina Hendricks está tan guapa en Mad Men

Comencé a ver Mad Men hace mucho tiempo y me apeé del burro en la tercera temporada, bien hartita del machismo crispante que irradia la serie. Amén de parecerme aburrida, pero eso es otra historia. En esta serie es inevitable clavar los ojos en Christina, la exuberante jefa de secretarias. Ese monumento a la feminidad, tan guapa ella. Creo que esa sexualidad se han referido siempre los padres de la Iglesia: es la carnalidad hecha pecado, esa tentación sobre la que han volcado la maldad del mundo. Es la viva imagen de las venus prehistóricas, una imagen capaz de enturbiar la mente de cualquiera. Pero cuando pone un pie fuera de la serie, Christina pasa de ser un pivón a una rara avis in terris. Pocas fotos hay en las que luzca con la misma fuerza que en la serie. Pocos estilismos le favorecen tanto. Es casi como si fuera otra persona. Ella misma lo ha confesado: casi no hay opciones para ella. Los diseñadores no hacen ropa de su talla, no los más famosos, no los "codiciados" por el star system.


Su cuerpo no encaja en los cánones de belleza y se nota. Y es en ella el mejor ejemplo de que la moda no ha evolucionado en pos de la mujer, sino en su contra. Si antiguamente era el cuerpo el que mandaba, de repente, no sé si por esas ganas que tiene el mundo de tenernos calladitas o porque en el mundo global hay que estandarizarlo todo como si fuéramos los pasos de las tuercas, somos nosotras las que nos debemos adaptar a la ropa. Cortan un estilismo, lo repiten, lo cosen, lo venden y es más fácil para el empresario hacer ropa para una mujer en lugar de moldear los diseños a los diferentes tipos de cuerpo. Y ya no hablo de mujeres como Christina Hendricks, sino a las bajas, a las muy altas, a las de cintura huidiza, a las de excesivo pecho, a las de poco pecho, a las de culo grande y piernas delgadas, y así hasta el infinito. Nos hacen pasar por el colador y algunas colamos peor que otras.

Un canto a la estandarización de algo imposible de catalogar, como es el cuerpo humano, consigue que las mujeres se sientan mal con su cuerpo sin tener ni una razón real que les lleve a ello. Ya apunté a ello en el anterior post: prendas como el tejano, que nos lo quieren meter con calzador, no es una prenda, o mejor dicho, no es un corte que sea cómodo para muchas mujeres. Pero nos lo meten hasta la saciedad: la mujer urbana va en jeans, el jean sirve para todo, ten un par de jeans de tal forma dentro de tu armario. Pues no, a mí el tejano me va fatal. ¿Quién va a ser el primero en devolvernos el protagonismo en la moda?

También se quejó allá por otra época Anne Hathaway, cuando su carrera despegaba y decía que en las galas recibía pocas propuestas de los diseñadores. Pero aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, adelgazó gracias a Los Miserables y se ha quedado en esa tallita que tanto gusta a Hollywood. La última en quejarse es Jennifer Lawrence, que dice que ella está gorda para el mundillo hollywoodiense, pero que le da igual. Sin embargo ahí está, haciendo anuncios de Dior, la misma casa de la que se rumoreó que había despedido a Mila Kunis porque había subido de talla.

Total, que si se quiere, se puede, pero que no hay mucha gente con ganas de contribuir a exaltar a la mujer, sea como sea.

1 comment:

  1. es lo malo del pret a porter: hacen las prendas como churros y si no te van bien te aguantas. Evidentemente la mayoría de las mortales no podemos permitirnos la ropa hecha a medida, así que no nos queda otra que el peregrinaje entre tiendas para encontrar nuestro patrón perfecto.

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