La moda que cosen las mujeres

En la India, una mujer que ya ha cumplido los 20 años y no se ha casado, es rechazada por su familia y comunidad. Son niñas pobres, que viven en la más pura miseria. Y en eso que se basa el capitalismo, en beneficiarse de los problemas ajenos para hacer dinero, algunas grandes firmas de ropa saben esto mejor que nadie.  ¿En qué se benefician estas empresas? Conocedoras de las costumbres del país y de los escasos ingresos que las familias tienen al año, los empresarios se presentan ante las familias como los salvadores del futuro de sus hijas.

Es como un cuento de Dickens: los ingresos de estas familias son tan míseros que no pueden pagar las dotes de sus hijas. Llegan los empresarios y empiezan a convencer a las familias de que ellos las contratarán durante los años que faltan hasta que se casen y para cuando eso suceda, ellos pagarán lo que se necesite de la dote. 

¿Resultado? Unas niñas pequeñas que pasan a fabricar la ropa barata de Europa durante tres o cuatro años hasta que cumple los 16 o 17, les dan la dote y entonces pasan a ser propiedad de su marido. Son las llamadas Sumangali, las niñas casadas, una forma de referirse a estas niñas que desde muy pequeñas ya tienen su destino marcado. Esta historia la sabemos gracias a Dana Liebelson, que un día se preguntó de dónde procedía su camiseta y se encontró con una realidad muy cruel.



Por otro lado encontramos la esperanzadora historia del colegio Mary Help College, un centro donde las chicas aprenden a coser con el objetivo de conseguir independencia económica y labrarse un futuro. Esto sucede en otro lugar difícil del planeta para ser mujer, Etiopía. Actualmente tienen 371 estudiantes y ofrecen tres titulaciones de formación profesional. Allí mujeres que hubieran estado condenadas a ser las esclavas de sus familias buscan un futuro con independencia y sobre todo, libertad. Quieren hacer su vida, ganar dinero. 

Y aunque Etiopía ha sido siempre un país con un índice muy alto de pobreza, actualmente está desarrollando un crecimiento económico desorbitado que augura un futuro mejor para sus habitantes. de momento ellas tienen la gran suerte de poder formar parte de este proyecto y estar desarrollando sus habilidades de cara a una profesión que les de una vida mejor.

Son dos caras de la misma moneda, de cómo la moda puede salvar a algunas y condenar a otras. De cómo se puede salvar de la pobreza a partir de la moda o como condenar a repetir los mismos errores del pasado. Lo que sí está claro es que si se quiere, se podría mejorar la vida de muchas personas a partir de la ropa y su confección, sólo hay que tener voluntad de cambiar el mundo y ser un poco menos cínico.

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